El heredero de la Casa de Saboya ha pedido perdón a la comunidad judÃa italiana en nombre de la dinastÃa. Sin embargo, no ha obtenido la reacción que le hubiera gustado.
Cuando un rey apoya a un dictador, está perdido. Alfonso XIII cometió un tremendo error al colocar al frente del Gobierno a Primo de Rivera. Le costó la corona en 1931 y la MonarquÃa tardarÃa 44 años en volver a España. Peor todavÃa fue en el caso de los Saboya. En 1922, el Rey VÃctor Manuel III de Italia permitió que Benito Mussolini se convirtiera en Consejo de Ministros Reales, transformándose en un sanguinario dictador fascista que gobernó con la connivencia de tan nefasto Monarca. Además de consentir el autoritarismo de Mussolini, el Rey VÃctor Manuel III firmó las llamadas Leyes Raciales que eliminaron los derechos de los judÃos. Fueron presentadas en 1938 y aceptadas por el Monarca, que manchó sus manos de sangre y condenó asà a la dinastÃa Saboya. SerÃa el penúltimo Rey de Italia. Después de la II Guerra Mundial y con el paÃs liberado del fascismo y de Mussolini, VÃctor Manuel III quiso mantener la dinastÃa reinante abdicando el 2 de mayo de 1946 a favor de su hijo Humberto II, que solo serÃa Rey durante un mes después a consecuencia de un referéndum que proclamó la república. La Familia Real Italiana partió al exilio. VÃctor Manuel III murió en Egipto en 1947 y sus restos no volvieron a Italia hasta 70 años más tarde, cuando fueron sepultados en el Santuario de Vicoforte junto a su mujer, la Reina Elena.
Los Saboya pudieron regresar del exilio en 2002. Aunque sin aspiraciones de reinar, Filiberto de Saboya, que ostentará la jefatura de la dinastÃa tras la muerte de su padre, intenta ganarse el favor del paÃs. En ese sentido ha intentado enmendar los errores de sus antepasados pidiendo perdón precisamente por las Leyes Raciales en una carta publicada en sus redes sociales: "Me dirijo a todos ustedes, hermanos de la comunidad judÃa italiana, para expresarles mi sincera amistad y transmitirles todo mi afecto en el solemne 'DÃa del Recuerdo'. Ciertamente no es una carta fácil, una carta que puede sorprenderte y que quizás no esperabas. Sin embargo, sepan que para mà es muy importante y necesario, porque creo que, de una vez por todas, ha llegado el momento de reconciliarnos con la historia y con el pasado de la familia que hoy estoy aquà para representar, en el nombre milenario de esa Casa Real que contribuyó de manera decisiva a la unificación de Italia, nombre que llevo con orgullo", comenzó el PrÃncipe de Venecia y Piamonte."Les escribo, hermanos judÃos, en el aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, fecha simbólica elegida en el año 2000 por el Parlamento de la República Italiana, en recuerdo perpetuo de una tragedia en la que murieron 6 millones de personas a manos de la locura nazi-fascista, de los cuales 7500 eran nuestros hermanos italianos. Es en memoria de esas sagradas vÃctimas italianas que deseo pedir oficialmente y solemnemente el perdón en nombre de toda mi familia. He decidido dar este paso, por mà mismo necesario, para que el recuerdo de lo sucedido quede vivo, para que el recuerdo esté siempre presente. Condeno las leyes raciales de 1938, de las que todavÃa siento todo el peso sobre mis hombros y conmigo toda la Casa Real de Saboya y declaro solemnemente que no nos reconocemos en lo que hizo el Rey Vittorio Emanuele III. Una firma dolorosa de la que nos disociamos firmemente, un documento inaceptable, una sombra indeleble para mi familia, una herida aún abierta para toda Italia ", escribió Emanuele Filiberto.
"Condeno las leyes raciales en memoria de mi glorioso antepasado el Rey Carlos Alberto I, que el 29 de marzo de 1848 fue uno de los primeros soberanos de Europa en dar a los judÃos italianos la plena igualdad de derechos. Condeno las leyes raciales en memoria de los numerosos judÃos italianos que lucharon con gran valentÃa en los campos de batalla del siglo XIX y principios del XX como verdaderos patriotas. Condeno la firma de las leyes raciales en memoria de la visita a la nueva sinagoga de Roma que mi bisabuelo Vittorio Emanuele III realizó en 1904, después de que el 13 de enero del mismo año expresó: 'Los judÃos, para nosotros, son italianos, en todo y para todo'. Las vÃctimas del Holocausto nunca deben ser olvidadas y por eso, aún hoy, nos claman su deseo de ser justamente recordados. Hasta mi Casa ha sufrido en primera persona. ¿Cómo podrÃamos olvidar la trágica muerte de mi tÃa Mafalda de Saboya, que murió el 28 de agosto de 1944 en el campo de concentración de Buchenwald después de una terrible agonÃa? ¿Cómo olvidar que mi tÃa MarÃa Saboya también fue deportada con su esposo y dos de sus hijos a un campo de concentración cerca de BerlÃn? Y ambas eran hijas del mismÃsimo Vittorio Emanuele III. Les escribo a ustedes, hermanos judÃos en el recuerdo angustiado de las demasiadas vÃctimas que ha perdido nuestra querida Italia. Les escribo esta carta, sinceramente sentida y deseada, que dirijo a toda la comunidad italiana, para volver a atar esos hilos lamentablemente rotos, para que sea un primer paso hacia ese diálogo que hoy deseo retomar y seguir personalmente. Con toda mi sincera hermandad", finalizó Filiberto de Saboya.La respuesta de la comunidad judÃa italiana
A pesar de sus palabras y de que no buscaba la rehabilitación de los Saboya, ni tampoco un perdón para su bisabuelo, tampoco ha obtenido la respuesta que esperaba. La comunidad judÃa italiana ha reaccionado a las disculpas del PrÃncipe Filiberto, pero no para agradecer el perdón, ni mucho menos. "Lo ocurrido con las Leyes Raciales fue el resultado de una larga colaboración con una dictadura que fue una ofensa para italianos, judÃos y no judÃos y que no se puede borrar ni olvidar. El silencio sobre estos hechos de los descendientes de esa Casa, que duró más de ochenta años es un agravante más. Los descendientes de las vÃctimas no tienen el poder de perdonar y tampoco corresponde a las instituciones judÃas rehabilitar a personas y hechos cuyo juicio histórico está grabado en la historia de nuestro paÃs", señaló la Unión de Comunidades JudÃas Italianas a través de su presidenta, Noemi Di Segni.
"Los crÃmenes de Vittorio Emanuele III y el fascismo representaron una abominación, una tragedia en la historia de Italia y seguirá siendo una advertencia por generaciones. Después de 82 años, su bisnieto Emanuele Filiberto, afirma contar con un sentimiento de repudio y condena por lo sucedido. ¿Por qué ahora? En todo caso, es una iniciativa que debe considerarse exclusivamente personal, cada uno responde por sus propios actos y con su propia conciencia. Ni la Unión de Comunidades JudÃas Italianas ni ninguna comunidad judÃa pueden en ningún caso conceder el perdón en nombre de todos los judÃos que fueron discriminados, deportados y exterminados. En el judaÃsmo ni siquiera se puede pedir perdón a Dios si aquellos que perciben la vergüenza y la culpa no se han disculpado primero con la persona ofendida. La condena moral al régimen y sus actos ha sido para miles de judÃos, combatientes partidarios y antifascistas acérrimos, una bandera y una guÃa para la lucha por la supervivencia, por la que muchos de ellos sacrificaron sus vidas por su patria. Es en memoria de todos ellos, de los seis millones de judÃos exterminados en los campos de concentración, de los militares italianos internados, de los perseguidos polÃticamente, romanÃes y sinti, discapacitados y homosexuales que cualquier forma de nostalgia por ese régimen debe ser severamente confrontado y frenado. Tomamos nota de las palabras de consternación y arrepentimiento expresadas", finalizó la Unión de Comunidades JudÃas Italianas, que considera asà el gesto del PrÃncipe Filiberto una condena personal que en ningún caso pueda restablecer el honor perdido de los Saboya.