Carlos III atraviesa un momento complicado debido al cáncer que padece. Tras una larga espera como Príncipe de Gales en el que supo reinventar su papel y adaptarse hasta que llegó el momento de su subida al trono, lo que ocurrió el 8 de septiembre de 2022 tras la muerte de su madre, la Reina Isabel II.
Sabía que su reinado iba a ser corto, pero aspiraba a ser un Monarca transformador, abierto y planeaba grandes viajes oficiales. Y ha podido llevar a cabo varios de sus planes, pero otros han tenido que posponerse debido a su enfermedad, lo que le desespera porque querría hacer más y no ve el momento de terminar el tratamiento y poder seguir manos a la obra.
Afortunadamente, parece que las cosas marchan bien. Ha seguido cumpliendo con sus funciones como Jefe de Estado y se deja fotografiar en numerosas ocasiones. Además, se comprobó su buen estado de ánimo y un magnífico aspecto en la Misa de Pascua en Windsor, cuando fue dando la mano a la gente que se acercó a saludarle.
Tiempo después, ha vuelto a mostrar que las cosas van bien con un doble gesto. Por un lado, se dejó ver, como ha hecho desde que comunicó que tiene cáncer, y por otro, se le fotografió conduciendo. Siendo el Rey, bien podría dejar que fuera un chófer el que llevara el vehículo, pero decidió ser él el que se puso al volante, otra muestra de que se encuentra bien.
Un homenaje a Isabel II
Eso sí, la distancia no era mucha. Los Reyes Carlos y Camilla estaban en Balmoral y acudieron a misa a la cercana Crathie Kirk, la iglesia a la que solía ir la Reina Isabel II cuando se encontraba en su residencia de las Highlands, en Escocia. Si bien los Reyes suelen ir a misa los domingos, se trataba de una fecha especial al tratarse de un 21 de abril, cumpleaños de la Reina Isabel.
El 21 de abril de 2024 se cumplieron 98 años del nacimiento de la Monarca con más años de reinado de la historia de Reino Unido. Fallecida el 8 de septiembre de 2022 a los 96 años, este fue el segundo 21 de abril sin Isabel II, y en esta ocasión, Carlos III le rindió homenaje en misa en la iglesia a la que ella solía ir, y en Balmoral, el lugar en el que falleció y que tanto le gustaba.